jueves, 5 de abril de 2018

La Iglesia católica verdadera condena el uso de métodos anticonceptivos: tanto artificiales como naturales


Por Benito Bertone.
 
Dile SÍ a la vida. No a la cultura de la muerte. NO más geNOcidio blanco, NO más suicidio demográfico de Occidente.

Los métodos anticonceptivos son aquellos métodos destinados a no concebir niños, y todos, tanto los artificiales como los naturales, son condenados por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana Verdadera, fuera de la cual nadie puede salvarse.
Hay muchos tipos de métodos anticonceptivos, pero ellos se clasifican en artificiales y naturales; los primeros son por ejemplo: el dispositivo intrauterino, la píldora anticonceptiva y el preservativo; mientras que los naturales son por ejemplo: el método de Ogino-Knaus o de calendario, el método Billings o fluido cervical, el coitus interruptus, etcétera. Pero tanto los métodos anticonceptivos artificiales—que son los más aberrantes, algunos incluso llegando al extremo de la vasectomía o ligadura de trompas—como los mal llamados “naturales” son todos condenados por la Santa Madre Iglesia, en virtud de que se oponen a la procreación: a la generación de la vida humana.
Los verdaderos católicos integristas y verdaderos pro-vida, no sólo debemos oponernos al aberrante crimen del aborto inducido (asesinar a su propio hijo), sino también a todo lo que sea anticoncepción.
La encíclica Casti Connubii del Papa Pío XI, del 31 de diciembre de 1930 (#53-56), enseñó: “Viniendo ahora a tratar, Venerables Hermanos, de cada uno de los aspectos que se oponen a los bienes del matrimonio, hemos de hablar, en primer lugar, de la prole [los hijos, descendencia, etc.], la cual muchos se atreven a llamar pesada carga del matrimonio, por lo que los cónyuges han de evitarla con toda diligencia, y ello, no ciertamente por medio de una honesta continencia (permitida también en el matrimonio, supuesto el consentimiento de ambos esposos), sino viciando el acto conyugal. Criminal licencia ésta, que algunos se arrogan tan sólo porque, aborreciendo la prole, no pretenden sino satisfacer su voluptuosidad, pero sin ninguna carga; otros, en cambio, alegan como excusa propia el que no pueden, en modo alguno, admitir más hijos a causa de sus propias necesidades, de las de la madre o de las económicas de la familia. Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta. Por lo cual no es de admirar que las mismas Sagradas Letras atestigüen con cuánto aborrecimiento la Divina Majestad ha perseguido este nefasto delito, castigándolo a veces con la pena de muerte, como recuerda San Agustín: ‘Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole’. Que es lo que hizo Onán, hijo de Judas, por lo cual Dios le quitó la vida (Génesis 38, 8-10). “Habiéndose, pues, algunos manifiestamente separado de la doctrina cristiana, enseñada desde el principio y transmitida en todo tiempo sin interrupción, y habiendo pretendido públicamente proclamar otra doctrina, la Iglesia Católica, a quien el mismo Dios ha confiado la enseñanza y defensa de la integridad y honestidad de costumbres, colocada, en medio de esta ruina moral, para conservar inmune de tan ignominiosa mancha la castidad de la unión nupcial, en señal de su divina legación, eleva solemne su voz por Nuestros labios y una vez más promulga que cualquier uso del matrimonio, en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia y natural virtud procreativa, va contra la ley de Dios y contra la ley natural, y los que tal cometen, se hacen culpables de un grave pecado”.
Como puede verse, la Iglesia condena que uno busque deliberadamente no tener hijos con su mujer, por ejemplo usando métodos de calendario para no dejarla embarazada o cometiendo la torpeza de eyacular fuera de la vagina de su esposa. Tales actos van en contra de la naturaleza humana y siempre han sido condenados por la verdadera Iglesia católica; no así por la secta del Vaticano II que permite lo aberrante de la planificación natural familiar o incluso, en algunos casos, los métodos anticonceptivos artificiales como el preservativo, con tal de no contagiar de enfermedades de transmisión sexual.
Parecen olvidar que las enfermedades de transmisión sexual son producto de la incontinencia y la degeneración de la gente, que en lugar de lícitamente tener relaciones sexuales con su pareja matrimonial, fornican fuera del matrimonio. En verdad el ser humano está diseñado genéticamente para tener relaciones sexuales sólo con una pareja y no con montones, ni mucho menos con lo aberrante del homosexualismo, que es opuesto no sólo a la naturaleza humana, sino incluso a la animal.
Si un hombre ama a una mujer, debe procurar casarse con ella y tener hijos, como enseña la doctrina de la Iglesia, en la encíclica Casti Connubii (#17): “El fin primario del matrimonio es la procreación y educación de la prole”.
Para eso es que uno se casa, para tener hijos, quererlos y educarlos; y obviamente para amar a la esposa de uno, como corresponde, teniendo hijos con ella. Es un círculo virtuoso, que sirve para la reproducción y engrandecimiento de la especie humana.
Además del fin primario del matrimonio—que es el de la procreación y educación de la prole—existen también fines secundarios, que son: el auxilio mutuo, el fomento del amor recíproco y el aplacamiento de la concupiscencia. Pero debe tenerse en cuenta de que estos fines secundarios, siempre deben estar subordinados al fin primario, como enseña la Casti Connubii en su numeral 59, que dice: “Hay, pues, tanto en el mismo matrimonio como en el uso del derecho matrimonial, fines secundarios ―verbigracia [por ejemplo], el auxilio mutuo, el fomento del amor recíproco y la sedación de la concupiscencia―, cuya consecución en manera alguna está vedada a los esposos, SIEMPRE QUE QUEDE a salvo la naturaleza intrínseca del acto y, por ende, SU SUBORDINACIÓN AL FIN PRIMARIO”.
Con esto queda comprobado cómo la verdadera Iglesia católica—la tradicional, la de siempre, la que fundó Jesucristo en el año 33—siempre ha condenado todos los métodos anticonceptivos, tanto artificiales como naturales. En realidad es una idea moderna y posmoderno lo de usar métodos anticonceptivos, cosa que en la Edad Media, escasamente se conocía, porque había mucho más personas buenas que en la actualidad, cuando vivimos una época oscura de la humanidad.
Ahora lo que impera es el egoísmo y la soberbia, y por eso la gente siempre busca justificar la idea de no tener más de un número determinado de hijos. Muchos ni siquiera se casan, pero no renuncian a satisfacer sus placeres sexuales egoístas; otros se casan, pero no quieren tener hijos y usan métodos anticonceptivos y otros tienen algunos hijos (uno, dos o tres), pero después usan métodos anticonceptivos y ya no quieren tener más hijos; y el mayor problema de la anticoncepción viene de parte de la mujer, que ha sido impulsada por el pestilente feminismo para que ella sea “dueña de su cuerpo” y “decida” si quiere tener hijos o no, y cuántos hijos quiere tener.
Todas esas ideas son deplorables; el feminismo es deplorable y lo más evidente de todo, es que esta estupidez de usar métodos anticonceptivos está más que nada extendida—como no podría ser de otra manera—en el decadente Occidente, a diferencia de Asia y África que en su mayoría, las parejas se siguen llenando de hijos, salvo países como China que son comunistas genocidas y no permiten tener más de dos hijos por pareja. La Unión Soviética—que pertenece a Occidente, pese a estar al Oriente—fue un ejemplo de estado totalitario asesino que incentivó el aborto inducido, de millones de niños inocentes.
Ahora con el progresismo está pasando lo mismo, pero no sólo con el aborto inducido, sino con la anticoncepción, es decir que ya de entrada, la gente no está queriendo tener hijos, lo cual es totalmente opuesto a la voluntad de Dios, quien ordenó en el Génesis, que nos multipliquemos. Incluso el Señor le mostró a Abraham las estrellas y le pidió que las contara, diciéndole que ése sería el número de sus descendientes.
Hay una teoría que dice que en la Tierra no somos más de mil millones de personas y que la cifra de siete mil millones en verdad está engordada; esto se trata posiblemente de la conspiración más grande de todas, que se une a otras grandes conspiraciones como el holocausto y todo lo que es la conflagración judeo-masónica-comunista internacional, que también es liberal ya que el liberalismo y el marxismo son dos caras de la misma moneda: uno para engañar hacia el Occidente y otro para el Oriente.
Es que así funciona el sistema globalista genocida, que quiere eliminar a gran parte de la especie humana, en especial la raza blanca, a la cual la quieren extinguir a través del plan Kalergi, que yo le llamo Babel-Kalergi, ya que es—a través del multiculturalismo—pretender reconstruir la torre de Babel, poniéndonos a todos bajo una misma bandera: la bandera de las Naciones Unidas.
Es así que a través de la anticoncepción, los mundialistas quieren exterminar la raza aria y después crear una raza subhumana mestiza para que los amos judíos puedan controlarnos a todos e imponer la marca de la Bestia, la cual es física y espiritual. Esta última se manifiesta a través del pecado, principalmente del pecado de la carne, como la lujuria y el espíritu del homosexualismo, el cual la gran mayoría de las personas occidentales ya abrazan, porque apoyan al LGBT y al feminismo; y después está la marca física que son los tatuajes—una moda inmunda de los réprobos—y por supuesto, el famoso microchip, que ya lo están implantando en algunos países como Australia y en algunas empresas de Estados Unidos, y también en países como Uruguay, donde se está implantando el microchip obligatorio para los perros.
El mundialismo nos quiere convertir a todos en perros, que usemos tatuaje y microchip como el ganado (eso es lo que nos consideran, “goyim”, ganado), para hacernos la trazabilidad y llevarnos a todos al matadero. Por eso incentivan tanto la anticoncepción, porque quieren destruirnos, porque la población aumentada les molesta, en especial si se tratan de blancos, que actualmente somos menos del diez por ciento de la población mundial, pero a principios del siglo pasado, constituíamos el treinta y cinco por ciento de la población mundial. Eso es genocidio, que se manifiesta por: aborto inducido, anticoncepción, homosexualismo y mestizaje. Todos esos factores nos están destruyendo y la previsión para el 2100, es que seremos menos del uno por ciento de la población mundial, eso claro, si el mundo llegara a esa época, que no creo que llegue, pues pienso que el fin está cerca y no pasa del siglo XXI.
Pero si los blancos somos menos del diez por ciento de la población mundial, ¿qué decir del porcentaje de verdaderos católicos en el mundo? Deben haber algunos católicos en otras razas, pero la mayoría de seguro son blancos; y los católicos integristas que existimos somos mucho menos del uno por ciento. Somos una cifra ínfima, ya que la mayoría de los supuestos católicos están en la secta del Vaticano II; y la mayoría de los que se dicen “conservadores” o “sedevacantistas” abrazan herejías como los bautismos de fantasía o la salvación por ignorancia invencible, o incluso, abrazan la herejía babeliana de apoyar al multiculturalismo y el mestizaje excesivo para destruir nuestra raza, nuestra civilización.
Todo es parte de un gran plan judaico para nuestro exterminio, ¡así de claro! Ellos quieren exterminar a los católicos y después a todos los blancos, porque odian la estirpe de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santa Esposa, la Santa Madre Iglesia.
Pero a su vez, todo ese plan diabólico, forma parte de un plan mayor, que es el plan de Cristo, quien no va a permitir que el mal triunfe, sino sólo demostrar que la luz siempre es más fuerte que la oscuridad. Pronto vendrá el Armagedón y la Segunda Venida de Cristo, quien nos va a salvar del mal, pues sólo Cristo salva, ya que la justificación se da por la fe y por las obras, pero por la gracia de Dios y no por méritos propios. Sólo los predestinados, sólo los santos, sólo los justos se salvarán. Esa es la enseñanza de los Padres de la Iglesia.
Por eso yo le pido a los fieles de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana Verdadera, les pido como un hermano más, fiel de esta Iglesia, la Esposa de Cristo, que por favor, abandonen el camino del pecado, de la herejía y la sodomía, y vuélvanse a Cristo. No apoyen que el “hombre viene del mono”, ni ninguna otra falacia positivista atea; el mundo posmoderno está construido mentira sobre mentira y necesita ser destruido, para que sea purificado por el agua bautismal de la Iglesia.
No crean en nada que les enseñan en la escuela laicista y obligatoria (porque el Estado totalitario obliga a los padres, a que les laven el cerebro a sus niños), piensen por sí mismos, y no se dejen engañar por las mentiras del sistema. No crean en bautismos ficticios, porque sólo el bautismo por agua es la verdadera puerta de ingreso a la Iglesia, que es el Arca de salvación.
No sigan tampoco a los farsantes que quieren destruir la raza blanca, abrazando el multiculturalismo y el mestizaje exacerbado, porque ellos son réprobos a los ojos de Dios. Sigan a la Iglesia Verdadera de Cristo, que fue fundada en el año 33 y no en 1965, como la secta del Vaticano II, ni a ninguna otra secta protestante o cismática oriental.
No se dejen engañar por las falacias tentadoras de la anticoncepción: cásense y tengan muchos hijos; ¿cuántos? Todos los que Dios mande. Yo mismo soy soltero, pero procuro casarme con alguna mujer digna de mí, que esté a mi altura, que encuentre por algún lugar de la Tierra. Obviamente que tiene que ser una mujer de mi religión y de mi raza, porque yo no voy a abrazar la apostasía ni la herejía. Sé que muchos de ustedes serán perseguidos y la gente se burlará, en especial las mujeres, puesto que la mayoría de las mujeres occidentales han abrazado la abominación ideológica del feminismo.
Muchos dirán: “¡Ay, pobre mujer! No podrá tener tantos hijos” o “ella tiene derecho a decidir” o cosas por el estilo, pero nosotros los verdaderos católicos debemos estar firmes en contra de la anticoncepción y a favor de la procreación. Debemos buscar mujeres dignas de nosotros, que sean buenas cristianas católicas, femeninas, obedientes y sumisas, o sea, mujeres de verdad, mujeres con todas las letras, mujeres que desprecien el feminismo y la anticoncepción; mujeres que tengan vocación de ser esposas y madres, que les encante la maternidad, ¡esas son las mujeres de verdad!, y no las que van a la universidad. Yo busco una mujer así: una mujer de verdad, con la cual tener todos los hijos que Dios mande; si tengo diez o más hijos, no me importa, y si quedo pobre, no me importa—una excusa muy común—bueno, eso no es culpa mía, sino del Estado corrupto que no se preocupa por las familias numerosas, ya que ellos incentivan nuestro propio genocidio. Porque no olvidemos que el matrimonio, la vida en pareja, es en los momentos buenos, pero también en los MALOS, en la riqueza sí, pero también en la POBREZA, en la salud por supuesto, pero también en la ENFERMEDAD.
¿Dónde quedaron los principios cristianos? ¿Dónde quedó la moral cristiana que nos hacía sentir orgullo de ser católicos, blancos y occidentales? Parece que Occidente se está suicidando demográfica y moralmente. Esto tiene que terminar, esto tiene que frenar, ¡yo me opongo a la destrucción de mi propio pueblo! ¡Yo quiero vivir!, ¡yo abrazo la vida! Y la salvación eterna, por ende. Busco una mujer que comprenda estas cosas, que me sepa acompañar no sólo en las buenas, sino también en los malos momentos, porque a veces también la vida es difícil, tenemos que comprenderlo y aceptarlo estoicamente y no ser egoístas y hedonistas, que sólo pensamos en nuestro propio ego y placer. ¿Dónde quedó el espíritu de lucha y altruista occidental? ¿Dónde quedaron las esposas abnegadas y los padres de familia que hacían todo para proteger a su mujer y a sus hijos? ¿Dónde quedó el honor?
Yo me niego a mi propia destrucción y a la destrucción de los míos, yo me enfrento al sistema global, yo lucho, yo soy cristiano y seguiré dando testimonio de Cristo, y por eso, yo prometo que jamás en mi vida usaré métodos anticonceptivos ni permitiré que mi mujer los use. Amén.

viernes, 2 de marzo de 2018

El Monasterio de la Sagrada Familia es herético


Por Lord Stob. 

Sitio herético de pseudo-conservadores.
 
El famoso Foro “Católico” liderado por Logan es en verdad la secta loganiana que sostiene la herejía del bautismo de deseo, el bautismo de sangre y la salvación por ignorancia invencible, a la que tantas veces hemos refutado; pero más allá de dicho foro o secta, también existe la secta del Monasterio de la Sagrada Familia, quienes alegan ser fieles integristas católicos, puesto que rechazan los bautismos de fantasía, pero sin embargo, abrazan la herejía del Babel-Kalergi.
Los del Monasterio de la Sagrada Familia (MSF) son en verdad anti-blancos, que apoyan el exterminio de la raza blanca. Si no, basta fijarse en los artículos de Daniel Antonio Goncalves Gómez, por ejemplo, donde critica al Foro “Católico”—algo que está bien criticarlo—pero dice: “he encontrado comentarios de Logan en Radio Cristiandad defendiendo a Hitler de manera oculta, o mezclando verdades con mentiras y todo tipo de ambigüedades.” [1]
Es decir, que—como veremos—Daniel Goncalves odia a Hitler, quien fue un católico que luchó por la Iglesia, por Europa y la raza blanca, es decir, por la Civilización Cristiana, Occidental y Aria.
Pero una cosa que sí tiene razón Daniel Goncalves y los del MSF es que ellos por lo menos condenan a Fabián Vázquez de Radio Cristiandad o “Radio Cerianidad” (Ceriani, un tremendo hereje que apoya el bautismo de deseo), ya que este señor falleció hace unos años en un accidente de tránsito y se fue al infierno, puesto que todo el tiempo estaba defendiendo la falacia del bautismo de deseo, como la gran mayoría de los supuestos católicos “conservadores” o “sedevacantistas”.
Según Daniel Goncalves y el MSF, Hitler, Mussolini, Franco, Salazar, Degrelle y todos los demás líderes fascistas no pasaban de unos “paganos” que querían destruir la Iglesia, y según ellos, la Iglesia no apoyó al fascismo, ni al nacionalsocialismo, ni al nacionalcatolicismo, ni al rexismo, ni a ninguno de esos movimientos nacionalistas; según ellos, la Iglesia condena el nacionalismo, porque según ellos, el nacionalismo es “malo” y “pervertido”; y lo más tragicómico de todo, es que estos sujetos ni siquiera comprenden el significado cristiano y no pagano, de los símbolos fascistas. Por ejemplo nótese el artículo de Daniel Goncalves sobre el “dragón rojo”, donde él burdamente descalifica al III Reich como imperio del dragón rojo, confundiéndolo con quien sí fue el imperio del dragón rojo, que fue la Unión Soviética y que hoy se manifiesta a través de la Comunidad de Estados Independientes y la Unión Europea, que están dominadas por el marxismo cultural, al cual, ellos los del MSF lo terminan defendiendo.
Según Goncalves, “el Macho Cabrío tiene una cruz solar en la frente, los nazis utilizaron distintos símbolos durante la II guerra mundial, uno de ellos fue la cruz solar.” [2] En esta afirmación hay dos mentiras: en primer lugar el macho cabrío no tiene ninguna cruz en la frente, a no ser la cruz invertida, que es el típico símbolo del satanismo, y además tiene un pentagrama invertido o estrella, que es símbolo de noche, y es el típico símbolo satánico que usó un estado totalitario ateo y satánico como lo fue la Unión Soviética (y que es un símbolo muy común en todas las repúblicas bananeras: la estrella sucia); y en segundo lugar, no existieron ningunos “nazis”, sino que eran nacionalsocialistas. El término “nazi” es un invento judío, para desprestigiar al nacionalsocialismo.
A continuación, el farsante de Goncalves afirma: “Esvástica utilizado por los nazi. También suele ser considerada como símbolo solar, es una cruz torcida en forma de S, representando a la serpiente antigua que reclama ser dios. Es un símbolo "sagrado" para los hinduistas representando al dios sol Suria, se puede encontrar en sus "templos",  también para el budismo, el jainismo” [3]
Tal afirmación es totalmente falaz y no se sostiene científicamente, ya que los nacionalsocialistas—al contrario de lo que se suele creer—no usaron estrictamente la esvástica, sino la “hakenkreuz” o cruz gamada, que era un símbolo cristiano de las iglesias católicas alemanas; es decir, Hitler lo sacó de ahí y no del paganismo hinduista como nos quiere hacer creer Goncalves. [4] Lo único cierto es que ese símbolo fue muchas veces confundido con la esvástica típica de los hindús, y de otras religiones paganas como los indígenas norteamericanos, pero de todos modos, el nacionalsocialismo le dio un significado cristiano y no pagano, al símbolo. De hecho Hitler declaró: “No toleraremos a nadie en nuestras filas que ataque las ideas del cristianismo. Nuestro movimiento es cristiano”. (Adolf Hitler, 27/10/1928) [5]
Además, como Hitler era católico—al igual que Mussolini y por supuesto Franco—en verdad él cuando decía “cristianismo” se estaba refiriendo particularmente al catolicismo, es decir, al cristianismo verdadero, fuera del cual no hay salvación. Es más, la mayoría de los más cercanos ministros y asesores de Hitler eran católicos, aunque por supuesto, hubo algunos protestantes, pero eso no tiene nada que ver con la religión, ya que el nacionalsocialismo era un movimiento político, basado en el cristianismo.
Según Goncalves—en su profunda ignorancia—la cruz gamada o “esvástica” como él le llama, es lo mismo que el símbolo del macho cabrío de Baphomet, pero no tiene en absoluto ninguna prueba para hacer tal afirmación gratuita y falaz.
A continuación Goncalves agrega para rematar su ignorancia: “La cruz solar es muy distinta a la cruz celta”. Falso, en primer lugar, la hakenkreuz no es lo mismo que la cruz solar, ya que ésta es la completitud circular de aquella y en segundo lugar, la cruz solar no es muy distinta a la cruz celta o céltica, puesto que esta cruz, es sólo un alargamiento horizontal y vertical con respecto a la solar. La solar representa el Sol, que significa la luz solar de Cristo iluminando la Tierra, mientras que la cruz céltica representa también lo mismo, sólo que además representa a la misma Tierra, con sus cuatro puntos cardinales, y la forma real que posee la Tierra, que es circular, según indica en Isaías 40:22, y otros pasajes. [6]
No contento con insultar a todo el fascismo en general, incluyendo al Generalísimo Francisco Franco, el cual es obvio y evidentísimo que fue católico romano, y que después del Concilio Vaticano II, fue abandonado completamente por la Iglesia “oficial” (o sea, la falsa Iglesia del Vaticano II); Goncalves arremete contra el saludo romano, alegando que es la marca de la bestia: “Los que adoran a la Bestia reciben su marca en la frente y en su mano. El saludo romano se dio inicio durante la existencia de la Bestia Antigua Roma para saludar al emperador u otros actos oficiales según los historiadores se extendían el brazo derecho con la palma de la mano hacia abajo. Es en la mano donde está la marca de la Bestia.” [7]
Esto demuestra su completa ignorancia de la historia, puesto que el saludo romano, tiene su origen en el saludo hispano o celtíbero, que provino a su vez de las conquistas del cartaginés Aníbal el Grande, y entonces, cuando los romanos arribaron a los pueblos íberos, quedaron impresionados con el saludo y lo tomaron como propio. [8]
A lo largo de la historia el saludo romano, fue un gran saludo, que se lo hace con el brazo extendido y la mano abierta, símbolo de paz, todo lo contrario del saludo comunista o grito de guerra, que es con el puño cerrado. Así que decir que el saludo romano es “marca de la Bestia” no sólo demuestra una garrafal ignorancia de los hechos históricos, sino que es una terrible tergiversación diabólica, puesto que el saludo romano, celtíbero—o más modernamente llamado “fascista”—es un símbolo de paz, todo lo contrario al saludo de los comunistas asquerosos.
Entonces Goncalves, al ver que se le acabaron los argumentos lógicos, dice: “Hay una película llamada Gladiador que se estrenó en el año 2000; esta película fue un intento de que la Bestia Antigua Roma fuese adorada. Protagonizada por Russell Crowe, no es casualidad que tuviera mucho éxito logrando cinco Óscar. Estudiar la historia de la Antigua Roma y conocer lo que ocurrió allí no existe ningún pecado pero he conocido profesores de historia especialistas en este ramo, ellos lamentablemente adoran a la Bestia Antigua Roma, adoran lo que ocurrió allí en vez de causarle repulsión, adoran a los dioses falsos; estas mismas personas defienden la revolución francesa y la separación estado de la Iglesia Católica y la libertad religiosa. Gladiador fue un intento del cine que las personas adorasen a la Bestia (imperio) como en otras películas en conexión con el hombre de pecado: Batman, Spiderman etc...” [9]
En primer lugar, la terrible Roma Antigua se convirtió al cristianismo gracias a Constantino y después del 800, renació con Carlomagno, bajo el Sacro Imperio Romano Germánico que fue el Reich de los mil años (800-1806). Y en segundo lugar, la película “Gladiador” no tiene nada que ver con este asunto, puesto que los judíos que manejan Hollywood no tienen ningún interés con que la gente use el saludo romano. De hecho en Estados Unidos, antes de la Segunda Guerra Mundial, tenía el saludo Bellamy, que era igual al saludo romano, y era un saludo bueno; pero desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ese símbolo fue erróneamente asociado al mal y desde entonces ha sido prohibido y perseguido en países como Alemania, Austria e Italia. Nada tiene que ver con adorar a la Antigua Roma pagana, sino que es un símbolo de paz.
Con el saludo romano, no se adoran falsos dioses; eso es una mentira sin fundamento, ni mucho menos se está defendiendo la asquerosa Revolución francesa, y nada que ver con Batman o Spiderman. Goncalves no pasa de un ignorante, que todo lo que no le gusta lo relaciona con la Bestia, cuando en verdad, la marca de la Bestia no es el saludo romano, sino que son los tatuajes y el microchip.
De hecho yo tuve un sueño, en que un promotor del MSF hacía un video donde promovía el uso de un tatuaje pagano en la mano derecha. Eso sí es la marca de la Bestia; no puedo comprobarlo, pero para mí que el MSF sí tiene la marca de la Bestia, ya que es la Bestia la que promueve el multiculturalismo y Jorge Clavellina sí apoya al multiculturalismo como lo deja bien claro en un artículo herético donde intenta refutar a Benito Bertone [10]. Afortunadamente ese artículo fue refutado por el sitio de la verdadera Iglesia Católica. [11]
Acto seguido Goncalves critica a los caudillos del Santo Eje, especialmente al Duce, gran defensor del catolicismo: “Mussolini, Franco y Adolfo Hitler adoptaron el mismo saludo; por cierto Mussolini dictador que dominó en Italia fue un adorador de la Bestia Antigua Roma y como estaba poseído uno de sus sueños era intentar que Italia volviera a convertirse en una antigua Roma literalmente.” [12]
En primer lugar, gracias a Goncalves por alabar a Mussolini calificándolo de “dictador”, ya que dictador fue algo bueno—muy bueno—pues en la Antigua República Romana, el dictador era una clase especial de magistratura diseñada para gobernar durante las crisis, velando por el bien común. [13] En segundo lugar de modo alguno Mussolini fue “adorador de la Bestia”, ya que él—pese a sus pecados—fue un católico devoto, que tenía un confesor personal, y además, recordemos que gracias a Mussolini se firmaron los Pactos de Letrán, que no sólo le devolvió el Vaticano al Papa, como le correspondía, sino que también, garantizaron la confesionalidad del estado italiano. Todo eso, gracias al “malvado” Mussolini… [14]
Pero veamos como el farsante se embarra literariamente en su propio enunciado: “¿Qué ocurría aquí? La marca de la Bestia era adorada como también esta nación sin Dios (Aunque teníamos un verdadero Papa estaba en desarrollo la gran apostasía y el Tratado de Letrán  preparando la fornicación de los reyes de la tierra con lo que sería la secta del vaticano II).” ¿Perdón? ¿Nación sin Dios? Un estado completamente católico, con la mayoría de la población católica, fiel a Cristo y a su Papa. ¿De dónde saca este ignorante de Goncalves que Italia era una “nación sin Dios”? Sin Dios es ahora, que siguen al Vaticano II, cuyo Pseudo-Papa se abraza de comunistas, homosexuales, cismáticos orientales, musulmanes y demás escoria, pero eso sí: condena a los “malvados nazis”, defendiendo a los judíos y su supuesto “holocausto” que nunca existió.
Todavía Goncalves tiene que confesar que teníamos verdadero Papa, cuyo nombre reinante era Pío XI, famoso por su frase: “Mussolini es un enviado de la Divina Providencia”. [15] Parece que para Goncalves estuvieron mal los Pactos de Letrán…
Incluso Goncalves osa decir: “Tómese en cuenta que la dictadura de Franco llevó al asesinato de muchos sacerdotes católicos y monjas especialmente durante la guerra civil.” [16] ¿Cómo? Así que los asesinatos cometidos por los malvados rojos comunistas inmundos durante la Guerra Civil Española, y antes de la misma, ¡¿es culpa de Franco?! Increíble afirmación por parte de Daniel Goncalves, quien se refuta así mismo, por su propia imbecilidad crónica.
Pero no contento con sus estupideces, él agrega: “Estas personas están poseídas y no quieren a Dios y a su Cristo, quieren dar fin a su Iglesia Católica”. [17] Esto es una horrenda mentira, que sólo puede provenir de una mente depravada, puesto que como he demostrado el saludo romano es un símbolo de paz y no la “marca de la bestia”, la cual está constituida por los tatuajes, el microchip (que ya lo están poniendo en algunos países) y por supuesto, el espíritu del homosexualismo y la lujuria, muy presentes en todas las personas que defienden la inmundicia del LGBT y el feminismo, que en el fondo son lo mismo: judería internacional dedicada a la destrucción de la civilización cristiana, a través también, del mestizaje y el multiculturalismo promovido por los progresistas en general (el verdadero Dragón rojo, el imperio comunista de la Unión Europea y las Naciones Unidas), por la secta del Vaticano II, y también por lo visto, por el Monasterio de la “Sagrada Familia”.



[3] Ídem.
[6] Santa Biblia, Isaías 40:22. Puede verse RVR1960 (ojo, esa traducción es protestante, pero en ese pasaje es fiable), por ejemplo aquí: https://www.biblegateway.com/passage/?search=Isa%C3%ADas+40%3A22&version=RVR1960
[9] Ídem 7.
[12] Ídem 7.
[16] Ídem 7.
[17] Ídem 7.

jueves, 8 de febrero de 2018

NO somos jansenistas: condenamos la Iglesia Católica Antigua

San Agustín de Hipona, Padre y Doctor de la Iglesia, quien debería ser considerado infalible sobre la Gracia y la predestinación. Creemos en la doctrina de la predestinación católica, condenando así al pelagianismo. 

Realizamos esta breve nota para dejar bien en claro algo muy importante, en virtud de ciertas acusaciones que nos han hecho sectas pseudocatólicas como la raulmiguelista y la loganiana; nosotros somos verdaderos católicos, NO somos "jansenistas" ni tampoco "dimonianos". NO estamos afiliados a ninguna secta, sino que somos la Iglesia Católica de siempre, que ha tenido como "Papa oculto" a Gregorio XVII (Giuseppe Siri; entre el 26/10/1958 al 2/5/1989) y a Bonifacio X como "Papa legendario" (Philipp Bartlett; entre el 1/1/2012 al 4/7/2017), ambos, legítimos sucesores de Pío XII y de San Pedro. Por ahora, a febrero de 2018, estamos sin Papa, pero próximamente haremos un nuevo cónclave o bien, proclamaremos un nuevo Papa, según las leyes canónicas de la Santa Madre Iglesia. Pretender alargar indefinidamente la sede vacante es PECADO; por eso nosotros somos "sedevacantistas" sólo por ocasión, no como si ser sedevacantista fuera una especie de "dogma de fe". Nosotros siempre estamos dispuestos a escuchar las sugerencias de todos los verdaderos católicos, para elegir un nuevo Papa, un líder que nos guíe y haga frente a la gran secta falsa y malvada del Vaticano II. 
Dicho esto, queremos aclarar que nosotros nada tenemos que ver ni con los cismáticos orientales (mal llamados "ortodoxos") ni con los autodenominados "católicos antiguos", quienes no pasan de herejes, negadores del único Concilio Vaticano que hubo, suspendido injustamente el 20 de octubre de 1870. Nosotros sí somos grandes acusadores de las diversas sectas pelagianas y semi-pelagianas, que siguen subrepticiamente el Lumen Gentium del Vaticano II, pero no por eso nos pueden venir acusándonos de ser "jansenistas"; es algo muy típico de los pelagianos, acusar a sus contrincantes de "jansenistas" y poner todo en una "misma bolsa", pero la realidad no es así, porque nosotros somos católicos verdaderos que condenamos el jansenismo, así como el galicanismo (nosotros no consideramos que el Concilio esté por encima del Papa, sino que creemos en la infalibilidad papal, consagrada en la Constitución dogmática Pastor Aeternus del Concilio Vaticano) y la aberración de la Iglesia Católica Antigua o Unión de Utrecht. 
A continuación mostraremos un cuadro, con las principales diferencias entre nosotros los católicos de verdad y los herejes de la Iglesia Católica Antigua o Unión de Utrecht: 

Diferencias entre católicos y veterocatólicos:


Católicos Veterocatólicos
Principal líder del culto y sede principal. Actualmente bajo Sede Vacante. Según cada iglesia nacional bajo la Unión de Utrecht.
Promueve el celibato clerical Sí. No, son unos liberales.
Promueve la familia monogámica Sí. Sí.
Postura sobre el uso de anticonceptivos. NO, NUNCA, condenando métodos artificiales y "naturales" Permite todo tipo de anticoncepción incluyendo la píldora del día después, porque son unos liberales que desprecian la vida humana.
Aceptación del estilo de vida y práctica de actos homosexuales entre sus fieles: No. Sí, son unos liberales sucios que odian a Cristo y su Santa Iglesia.
Aceptación de la ordenación sacerdotal femenina No. Sí, son unos liberales y feministas que odian a los varones y a la jerarquía de la Iglesia católica.
Práctica de la liturgia de la misa tridentina Sí, la misa tridentina instituida A PERPETUIDAD por San Pío V. Sí, pero en lenguas vernáculas, porque odian a San Pío V y se pasan burlando de la autoridad del Papado. 
Aceptación de los siete sacramentos Sí. Sí.
Aceptación de los concilios ecuménicos Sí. Sí, los primeros ocho.
Aceptación de los credos niceno y atanasiano Sí.
Aceptación de textos Deuterocanónicos Sí. Sí.
Aceptación de la infalibilidad pontificia Sí. No, ya que ellos odian al Sucesor de San Pedro, nombrado por Cristo.
Aceptación de la asunción de María Sí. Sí.
Aceptación de la inmaculada concepción Sí. No, porque ellos en el fondo, odian a la Santísima Virgen María, igual que los protestantes malvados.
Esas son pues las grandísimas diferencias entre nosotros los católicos verdaderos y los falsos católicos antiguos o jansenistas.

lunes, 5 de febrero de 2018

¡CUIDADO!: Raúl Miguel de Sursum Corda es un hereje formal y cismático oriental

Captura de pantalla con los insultos de Raúl Miguel de Sursum Corda.
El famoso bloguero Raúl Miguel de Sursum Corda es un conocidísimo y consumado hereje formal que cree en el "bautismo de deseo" y la "salvación por ignorancia invencible", y que abraza el Babel-Kalergi, odiando al nacionalismo católico. 
Por si eso fuera poco, ahora nos enteramos que Raúl Miguel con su nuevo blog llamado "El poder y la gloria" está promoviendo el autoproclamado "cristianismo ortodoxo", es decir, que se ha convertido en un cismático oriental, amante del Tetris, uno de los juegos soviéticos más comunistas que existen: 

Es evidente que Raúl Miguel se ha vuelto un cismático oriental consumado, como puede verse a través de casi todos los enlaces de su blog; recordemos que la Iglesia Ortodoxa Rusa apoyó al comunismo soviético, mientras que éste persiguió virulentamente al catolicismo durante el gobierno de Stalin. 
Raúl Miguel en su artículo llorón critica al Príncipe Nicus, diciendo: 
Nicolás Gonella Neyra que ya mató tres alias y los hizo firmar un libro en contra de mi (que no es el primero que “escribe” y es tan pésimo en su estilo y redacción como todos los anteriores), y que lo ha publicado y difundido, aunque a decir verdad, yo tendría vergüenza de ese mamotreto.
 En primer lugar acusa a Nicolás José Gonella Neyra a "matar" a tres personas, que él los llama "alias", alegando que no usaban sus nombres verdaderos; eso es tremendamente falso y calumnioso: Nicolás Gonella no mató a nadie y Andrés Gustavo Escoti Escanlar y Tom R. Sib NO son ningún "alias", sino que fueron personas de verdad (sus nombres verdaderos), así como lo fueron Frankis von Shubert, Mónica Lucía Salazar Duarte, Silvio Fernando Capiscoconi Matti, Nadia Soldado López, Antonio Manuel Sánchez Hernández, entre otros grandes HÉROES y MÁRTIRES asesinados por el (((gobierno comunista de U-R-GAY))). Cualquier persona que niegue esto, es un atrevido que se burla de nuestros mártires y pagará con el infierno. 
En segundo lugar, Nicolás Gonella sólo ayudó a concretar ese libro póstumo de Andrés Escoti, llamado "Contra la secta raulmiguelista". El libro que Nicolás Gonella escribió en solitario, se llama "El arca de los predestinados", disponible a la venta en Lulú.com.  Hay que destacar, que según nos informan, NINGUNO de esos dos libros fueron leídos por Raúl Miguel, sino que él se limitó a criticar sin leer, como buen ignorante que es; mucho menos puede refutar esos libros, que hasta ahora son irrefutables y dejan por el suelo, las teorías falsas del "bautismo de deseo" y la "salvación por ignorancia invencible". 
En tercer lugar, decir que el estilo de esos libros sea pésimo en redacción, es una opinión proveniente de alguien ignorante que no sabe escribir; pues como decía el gran poeta estadounidense Ezra Pound: "Nunca le hagas caso, a un crítico que no haya escrito ninguna obra notable", como es el caso de Raúl Miguel, que no pasa de un bloguero de cuarta que se contradice a cada rato. Él alega que deberíamos tener "vergüenza" de nuestra obra, pero la verdad que nos llena de orgullo, puesto que está aprobada por Dios mismo, ya que nosotros rechazamos las herejías pelagianas de los bautismos ficticios y la supuesta salvación por ignorancia invencible. ¡Abajo con los pelagianos! ¡VIVA CRISTO REY! 
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Pero esto no es todo, Raúl Miguel es un firma creyente de la psiquiatría, una pseudociencia incompatible con la fe católica; veamos su confesión:
Su querido Guy Doron es nada más ni nada menos que un JUDÍO, que vive en "Israel":
Así que ahí lo tenemos: judío, comunista, cismático oriental, ateos cientificistas, todos se juntan contra la fe católica... A continuación algo sobre la FARSA DE LA PSIQUIATRÍA (fuente: Foro V SUIS):

¿Existe la enfermedad mental?
por Lawrence Stevens, J.D.


Traducido por César Tort, Ciudad de México, México
      Todo diagnóstico y tratamiento en siquiatría, especialmente en siquiatría biologista, presupone la existencia de algo llamado enfermedad mental, conocido también como trastorno mental.  ¿Pero qué se quiere decir exactamente con “enfermedad” o “trastorno”?  Semánticamente, enfermedad (disease en inglés) significa simplemente lo opuesto a tranquilidad o alivio (ease en inglés).  Pero por enfermedad no queremos decir cualquier cosa que perturbe la tranquilidad, ya que tal definición significaría que perder un empleo o los problemas que acarrean las guerras, las depresiones económicas o las riñas con la pareja serían “enfermedades”.  En su libro ¿Es hereditario el alcoholismo? el siquiatra Donald W. Goodwin habla de la definición de enfermedad y concluye:  “Las enfermedades son algo por lo que la gente va a ver doctores...  Se les consulta a los médicos acerca del problema de alcoholismo y por consiguiente el alcoholismo se convierte, por definición, en una enfermedad (Ballantine Books, 1988, p. 61).  De aceptar esta definición — por ejemplo, que por alguna razón la gente consultara a los doctores sobre cómo sacar la economía de la recesión o cómo resolver los problemas conyugales o con una nación vecina —, estos problemas calificarían como enfermedades.  Pero claramente esto no es lo que se quiere decir con “enfermedad”.  En su exposición sobre el significado de enfermedad, el Dr. Goodwin reconoce que existe “una definición más estrecha de enfermedad que requiere de una anomalía biológica” (ibid.).  En este artículo mostraré que no hay anomalías biológicas responsables de las llamadas enfermedades o trastornos mentales porque la enfermedad mental no tiene existencia biológica.  Lo que es más, mostraré que la enfermedad mental tampoco tiene una existencia no biológica, excepto en el sentido que el término se usa para indicar desaprobación de algún aspecto de la mentalidad de la persona.
      La idea que la enfermedad mental es una entidad biológica es fácil de refutar.  En 1988 el Dr. Seymour S. Kety, profesor emérito de neurociencia en siquiatría, y el Dr. Steven Matthysse, profesor asociado de sicobiología, ambos de la Escuela Médica de Harvard, constataron: “una lectura imparcial de la literatura reciente no nos proporciona la esperada clarificación de la hipótesis de la catecolamina, ni provee evidencia persuasiva sobre otras diferencias biológicas que pueden caracterizar los cerebros de pacientes que padecen una enfermedad mental” (La nueva guía Harvard de siquiatría, Harvard Univ. Press, p. 148).  En 1992 un panel de expertos reunidos por la Oficina del Congreso Americano de Evaluación Tecnológica concluyó:  “Muchas preguntas quedan sin contestar acerca de la biología de los trastornos mentales.  De hecho, las investigaciones aún tienen que identificar causas biológicas específicas para cualquiera de estos trastornos...  Los trastornos mentales se clasifican sobre la base de síntomas porque aún no existen signos biológicos o pruebas de laboratorio para ellos” (La biología de los trastornos mentales, U.S. Gov’t Printing Office, 1992, pp. 13 & 46).  En su libro Guía básica sobre medicamentos siquiátricos, el profesor de la Universidad de Columbia, el Dr. Jack M. Gorman dijo: “Realmente no sabemos qué causa cualquier enfermedad siquiátrica” (St. Martin’s Press, 1990, p. 316).  En su libro La nueva siquiatría, otro profesor de la misma universidad, el Dr. Jerrold S. Maxmen, dijo: “Es un hecho no reconocido el que los siquiatras son los únicos especialistas médicos que tratan trastornos que, por definición, no tienen causas o curaciones conocidas... Un diagnóstico debe indicar la causa del trastorno mental, pero como diré posteriormente, como las etiologías de la mayoría de los trastornos mentales es desconocida, los actuales sistemas de diagnóstico no pueden reflejarlos” (Mentor, 1985, pp. 19 & 36, énfasis en el original).  En su libro Siquiatría tóxica, el Dr. Peter Breggin dijo: “no hay evidencia que cualquiera de los trastornos sicológicos o siquiátricos tenga un componente genético o biológico” (St. Martin’s Press, 1991, p. 291).       Algunas veces se dice que el que las drogas siquiátricas “curen” un pensamiento, emociones o conducta que se denomine enfermedad mental, demuestra la existencia de causas biológicas en las enfermedades mentales.  Este argumento es fácilmente refutado.  Supongamos que alguien toca el piano y que no nos guste que lo haga.  Supongamos que lo forcemos a que tome una droga que lo invalide tanto que ya no pueda tocar más.  ¿Probaría eso que su afición musical era causada por una anomalía biológica que fue curada por la droga?  Esta forma de pensar, tan tonta como parece, es común entre los siquiatras.  La mayoría de las drogas siquiátricas (si no es que todas) son neurotóxicas, esto es, producen en mayor o menor grado una incapacitación neurológica generalizada: detienen la conducta que disgusta a algunos, incapacitando tanto a la persona que ya no puede sentirse enojada, infeliz o deprimida.  Pero llamarle a esto “curación” es absurdo, tan absurdo como la extrapolación que la droga le debió haber curado a tal persona una anomalía biológica, misma que causó las emociones o conductas que a algunos les disgustaron.       Cuando son confrontados con la falta de pruebas que la enfermedad mental es una entidad biológica, algunos defensores de tal creencia dirán que las “enfermedades” sí existen y que pueden definirse como tales sin que haya una anomalía biológica que la cause.  La idea de una enfermedad mental como una entidad no biológica requiere de una refutación más extensa que la postura biologista.       Se cree que la gente está enferma mentalmente sólo cuando su pensar, emoción o conducta es contraria a lo que es considerado aceptable, es decir, cuando a otros (o a los pacientes mismos) no les gusta algo acerca de ellos.  Una manera de ver el absurdo de llamarle a una cosa enfermedad, no porque haya anomalía biológica sino porque algo nos disgusta en una persona, es observar cómo difieren los valores de una cultura a otra y cómo cambian con el tiempo.       En su libro La sicología de la autoestima, el sicólogo Nathaniel Branden escribió:  “Una de las tareas de la sicología es proveer definiciones para salud mental y enfermedad mental...  Pero no existe acuerdo general entre sicólogos y siquiatras sobre la naturaleza de éstas; no hay ni definiciones aceptadas ni un parámetro para comparar un estado sicológico con otro.  Muchos escritores dicen que es imposible establecer definiciones o estándares básicos, esto es, un concepto universal de salud mental.  Estos escritores aseveran que debido a que una conducta es considerada normal y saludable en una cultura, pero neurótica o aberrante en otra, todo es una cuestión de prejuicios culturales.  Quienes mantienen esta posición insisten que lo más que uno puede hacer es definir la salud mental como el acato a las normas culturales, declarando que el hombre está sicológicamente sano en la medida en que esté adaptado a su cultura...  La pregunta obvia que surge ante tal definición es ¿qué pasa si los valores y normas de una sociedad dada son irracionales?  ¿Puede la salud mental consistir en estar adaptado a tal irracionalidad?  ¿Qué decir de la Alemania nazi, por ejemplo?  ¿Es un empleado del estado nazi que se siente sereno y feliz en tal régimen un caso de salud mental?” (Bantam Books, 1969, pp. 95s, énfasis en el original).  El Dr. Branden dijo aquí muchas cosas.  Primero, confundió la moralidad con la racionalidad, diciendo que el respeto a los derechos humanos es racional cuando, de hecho, no es una cuestión de racionalidad sino más bien de moralidad.  Además de ser incapaz de ver la diferencia, el Dr. Branden confiesa sus valores: que el respecto a los derechos humanos es bueno y que la violación de los mismos (como en el nazismo) es malo.  Pero luego dice: violar estos valores es “irracional” o enfermedad mental.  Aunque los practicantes de siquiatría y de sicología “clínica” no lo admitirán, estas disciplinas tratan esencialmente de valores — valores ocultos bajo la manta de un lenguaje que hace que nos parezca que no son valores sino que se habla de promover la “salud”.  Mi respuesta al Dr. Branden es la siguiente:  Una persona que viva en la Alemania nazi y que esté bien adaptado a la misma anteriormente era considerado “mentalmente sano” por esa sociedad, pero si lo juzgamos con los valores de una sociedad que respeta los derechos humanos estaba “enfermo”, como el resto de su cultura.  Sin embargo, alguien como yo añadiría que tal persona estaba moralmente “enferma” reconociendo que la palabra no tiene sino un significado metafórico.  Para alguien como el Dr. Branden, que cree en el mito de la enfermedad mental, esa persona está literalmente enferma y necesita de un doctor.  La diferencia es que yo reconozco mis valores por lo que en realidad son: moralidad.  Es común que un creyente en el concepto de enfermedad mental, como el Dr. Branden en el citado pasaje, tenga los mismos valores que los míos pero que los confunda con el concepto de salud.       Uno de los casos que mejor ejemplifica lo dicho arriba es el del homosexualismo. Hasta 1973 éste fue definido oficialmente como enfermedad mental por la Asociación Psiquiátrica Americana, pero no a partir de ese año.  La homosexualidad estaba definida como trastorno mental en la página 44 del texto de referencia DSM-II: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (segunda edición), publicado en 1968.  En ese libro la homosexualidad es categorizada como “desviación sexual” en la citada página.  En 1973 la Asociación Psiquiátrica Americana votó para remover la homosexualidad de sus categorías diagnósticas de enfermedades mentales (véase “Una curación instantánea” en la revista Time del 1 abril 1974, p. 45.)  De manera que cuando la tercera edición del DSM se publicó en 1980, observó que “en sí misma, la homosexualidad no es una enfermedad o trastorno” (p. 282).  La edición de 1987 del Manual Merck de diagnóstico y terapia dice:  “La Asociación Psiquiátrica Americana ya no considera a la homosexualidad una enfermedad siquiátrica” (p. 1495).  Si la enfermedad mental fuera realmente una enfermedad en el mismo sentido que las enfermedades físicas, la idea de descalificar a la homosexualidad o cualquiera otra mediante el voto sería tan absurdo como que un grupo de médicos descalifiquen el cáncer o la diabetes de la categoría de enfermedad.  Pero la enfermedad mental no es una enfermedad como las otras.  A diferencia de las enfermedades físicas donde hay hechos físicos que tratar, las “enfermedad” mental es completamente una cuestión de valores, de lo correcto y lo equivocado, de lo apropiado y lo inapropiado.  En otro tiempo la homosexualidad parecía tan extraña y difícil de entender que fue necesario invocar el concepto de enfermedad mental para explicarla.  Pero una vez que los homosexuales se movilizaron, mostraron su fuerza numérica y demandaron al menos cierta aceptación social, ya no se consideró apropiado explicar la homosexualidad como una enfermedad.       Un caso que se refiere a diferentes culturas es el del suicidio.  En muchos países como Estados Unidos y la Gran Bretaña una persona que se suicida, que intente hacerlo o que piense seriamente en el suicidio es considerada mentalmente enferma.  Sin embargo, esto no siempre ha sido así en la historia, ni siquiera en toda cultura contemporánea.  En su libro ¿Por qué el suicidio? el sicólogo Eustace Chesser señala:  “Ni el hinduismo ni el budismo mantienen objeciones intrínsecas al suicidio, y en algunas formas de budismo se considera meritoria la autoincineración”.  También señala que “Los celtas se burlaban de esperar la vejez.  Creían que los que se suicidaban antes de perder sus facultades se iban al cielo, y que los seniles que morían de enfermedad se iban al infierno — una interesante inversión de la doctrina cristiana” (Arrow Books Ltd., 1968, pp. 121s).  En su libro Luchando contra la depresión, el sicólogo Harvey M. Ross señala:  “Algunas culturas esperan que la esposa se eche a la pira funeral de su esposo” (Larchmont Books, 1975, p. 20).  Probablemente el mejor ejemplo de una sociedad donde el suicidio es aceptado socialmente es el Japón.  En lugar de considerar el hara-kiri como resultado de una enfermedad mental, en algunas circunstancias los japoneses lo consideran normal y aceptable, como cuando salvaguardan su honor o si un japonés es humillado por algún fracaso.  Otro ejemplo que muestra que para los japoneses el suicidio es considerado normal, y no algo loco, fueron los pilotos kamikaze que en la segunda guerra mundial se usaron contra la marina norteamericana.  Se les daba suficiente combustible para un viaje de ida, una misión suicida, donde localizaban a las fuerzas navales americanas y deliberadamente estrellaban sus aviones en los barcos enemigos.  Nunca ha habido un kamikaze americano, o cuando menos ninguno promovido oficialmente por el gobierno de Estados Unidos.  La razón de esto radica en las diferentes actitudes hacia el suicidio en este país y el Japón.  ¿Puede cometerse el suicidio sólo por personas con enfermedades siquiátricas en Estados Unidos y por personas normales en Japón?  ¿O es la aceptación del suicidio en Japón un fallo de ver anomalías sicológicas en una persona?  ¿Estaban los pilotos kamikaze mentalmente enfermos, o simplemente provenían de valores diferentes a los nuestros?  Pero incluso en los Estados Unidos ¿no se realizan actos virtualmente suicidas para salvar a otros soldados o al propio país durante guerras, y no se les considera enfermedad sino valentía?  ¿Por qué creemos que éstos son héroes y no lunáticos?  Parece que condenamos (o “diagnosticamos”) a los suicidas como locos o enfermos sólo cuando terminan sus vidas por razones egoístas (como “¡Es que ya no puedo más!”) más bien que cuando benefician a otros.  El punto en cuestión parece ser éste y no el suicidio.       Lo que demuestran estos ejemplos es que la “enfermedad mental” es simplemente el desviarse de lo que la gente quiere o espera en una sociedad en particular.  La “enfermedad mental” es cualquier cosa en una mentalidad humana que ocasione gran disgusto en otra persona que lo describe así.       Esta situación puede resumirse en lo dicho en un artículo de la revista OMNI (noviembre 1986):  “Los trastornos vienen y se van.  Incluso el concepto de Sigmund Freud sobre la neurosis se abandonó en el DSM-III original (1980).  Y en 1973 los miembros de la Asociación Psiquiátrica Americana votaron para borrar todas las referencias de la homosexualidad como trastorno.  Antes del voto, el ser gay era considerado un problema.  Después del voto el trastorno se relegó a la bodega de antigüedades siquiátrica.  ‘Es una cuestión de moda’ — dijo el Dr. John Spiegel de la Universidad de Brandeis, quien fue presidente de la Asociación Psiquiátrica Americana en 1973 cuando el debate sobre la homosexualidad tuvo lugar —.  ‘Y las modas cambian’” (p. 30).        Lo que está mal con este enfoque es decir que alguien tiene una “enfermedad” siquiátrica sólo porque él o ella no encaja en el cuadro del supuesto diagnosticador o con las ideas de otros sobre cómo “debe ser” respecto a los estándares de vestirse, conducta, pensamiento u opinión.  Claro, cuando esto involucra violar los derechos de otros, el no acatarse a las normas o valores sociales debe detenerse por medio de la ley.  Pero el llamarle a una conducta que no nos gusta “enfermedad”, o el suponer que debe estar causada por una enfermedad sólo porque es inaceptable para los valores actuales, carece de sentido.  Nosotros le llamamos así porque no conocemos las verdaderas razones del pensamiento, emociones o conducta que nos desagradan.  Cuando no entendemos estas razones, creamos mitos para dar una explicación.  En siglos anteriores la gente usó mitos como espíritus malignos o posesiones demoniacas para explicar un pensamiento o conducta inaceptables.  Actualmente la mayoría de nosotros creemos en el mito de la enfermedad mental.  Creer en entidades mitológicas como espíritus malignos o enfermedades mentales nos da la ilusión de que creer el mito es más reconfortante que reconocer nuestra ignorancia.       El llamar al pensamiento, emociones o conducta inaceptables una enfermedad mental podría perdonarse si el concepto “enfermedad mental” fuera un mito útil, pero no lo es.  En lugar de ayudarnos a entender cómo tratar a gente con problemas, o a gente problemática, el mito de la enfermedad mental nos distrae de los problemas reales que requieren enfrentarse.  En vez de estar causados por “desequilibrios químicos” u otros problema biológicos, el desacato a las normas y las reacciones emocionales que les llamamos enfermedades mentales son el resultado de dificultades que la gente tiene para satisfacer sus necesidades, y también tal conducta es resultado de lo que esta gente ha aprendido en sus vidas.  La solución es enseñarle a la gente cómo satisfacer sus necesidades, cómo comportarse y usar cualquier posición que tengan en la sociedad para forzar a otros a respetar sus derechos.  Éste es un trabajo de educación y de vigencia de la ley, no de medicina o de terapias.

EL AUTOR, Lawrence Stevens, es un abogado cuya práctica incluye representar a “pacientes” siquiátricos.  Ha publicado una serie de folletos acerca de varios aspectos de la siquiatría incluyendo las drogas siquiátricas, el electroshock y la sicoterapia.  Sus folletos no están registrados en las oficinas de derechos de autor.  Se te invita a sacarles copias para distribuirlas a aquellos que creas que se puedan beneficiar.

Actualización de 1996
“... la siquiatría moderna aún tiene que probar convincentemente la causa genética/biológica de cualquier enfermedad mental” dice el Dr. David Kaiser en Una observación contra la siquiatría biologista (artículo que aparece en este sitio web).
Actualización de 1997
“Realmente no sabemos qué causa la enfermedad siquiátrica” escribió el Dr. Jack M. Gorman, profesor de siquiatría en la Universidad de Columbia, en su libro Guía básica sobre medicamentos siquiátricos, Tercera edición (St. Martin’s Press, 1997, p. 314).  El mismo comentario en la edición de 1990 se citó en el artículo de arriba ¿Existe la enfermedad mental? Actualización de 1998
“Contrariamente a lo que se afirma, no se han encontrado trazos bioquímicos, anatómicos o funcionales que distingan los cerebros de los pacientes mentales [de los normales]” escribió el Dr. Elliot S. Valenstein, profesor emérito de sicología y neurociencia en la Universidad de Michigan en su libro Culpando al cerebro: la verdad acerca de las drogas y la salud mental (The Free Press, 1998, p. 125). “... no existen criterios externos de validación para los diagnósticos siquiátricos.  No hay pruebas de sangre ni lesiones anatómicas específicas para ninguno de los principales trastornos siquiátricos”, escribió el Dr. Loren R. Mosher, un siquiatra que renunció a la Asociación Psiquiátrica Americana, en una carta fechada el 4 de diciembre de 1998. Actualización de 1999
“...de los cinco a seis millones de niños que toman estas drogas [por “hiperactividad”], todos son normales.  El país ha sido llevado a creer que cada emoción molesta es una enfermedad mental, y quienes dirigen la Asociación Psiquiátrica Americana saben muy bien que la están promoviendo como enfermedad cuando no hay información científica que confirme cualquier enfermedad mental dijo el neurólogo Fred Baughman, según una cita de la revista Insight (28 de junio, 1999, p. 13; las itálicas fueron añadidas). “... no hay evidencia de que enfermedades mentales como el ADHD existan” dijo el siquiatra Peter Breggin en la revista Insight (ibid.).  “ADHD” son las siglas en inglés del llamado “trastorno de hiperactividad y de déficit de atención”. -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Dijo Nicolás Gonella, en su refutación a la secta Loganiana:
(...) Creer en la existencia de “enfermedades mentales” es negar la culpabilidad del pecado en ciertas personas con supuestos “problemas mentales”. La psicología es la disciplina filosófica que estudia el alma y no es una ciencia empírica, que estudie algo natural y palpable, sino que es una ciencia que estudia claramente algo sobrenatural: el alma; los “psicólogos” modernos positivistas no pasan de unos farsantes, que niegan la existencia del alma y pretender sustituir a la misma por un vago concepto de “mente” (definido de las más variopintas maneras, dependiendo de las diversas “corrientes psicológicas”, como psicoanálisis, estructuralismo, conductismo, etcétera).
Fuente de cita: Foro V SUIS.
El Papa Pío IX CONDENÓ al naturalismo, diciendo:
El naturalismo  
   En efecto, os es perfectamente conocido, Venerables Hermanos, que hoy no faltan hombres que, aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio llamado del naturalismo, se atreven a enseñar que el mejor orden de la sociedad pública y el progreso civil demandan imperiosamente que la sociedad humana se constituya y se gobierne sin que tenga en cuenta la Religión, como si esta no existiera, o, por lo menos, sin hacer distinción alguna entre la verdadera Religión y las falsas. Además, contradiciendo la doctrina de la Sagrada Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres, no dudan en afirmar que el mejor gobierno es aquel en el que no se reconoce al poder civil la obligación de castigar, mediante determinadas penas, a los violadores de la religión católica, sino en cuanto la paz pública lo exija; y como consecuencia de esta idea absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de feliz memoria, delirio(4) a saber: que la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley fundamental, y que los ciudadanos tienen derecho a la plena libertad de manifestar sus ideas con la máxima publicidad, ya de palabra, ya por escrito, ya en otro modo cualquiera, sin que autoridad civil ni eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma.
Fuente de cita: Encíclica Quanta cura.

Pío XII: el positivismo jurídico.





El pensamiento del hombre moderno, del hombre que ha renegado de Dios (o lo hizo a su medida, lo cual es esencialmente lo mismo), lo ha llevado a creer en que él, por sí mismo, puede hacer las leyes a su medida prescindiendo totalmente de toda ley moral objetiva fuera del sí mismo. Tal error filosófico se lo llama positivismo jurídico. Este error, ha llevado a que los hombres hagan las leyes según conveniencias políticas y económicas de poder, generalmente guiados por la ambición y la soberbia, ha conducido al poder legislativo hasta la locura de legalizar crímenes como el aborto y leyes la contra la misma naturaleza humana, como ocurre en las llamadas “uniones” entre personas del mismo sexo o “matrimonio” homosexual.

EL POPSITIVISMO JURÍDICO
Estrechamente ligada con el estatismo se halla la doctrina del positivismo jurídico, que quita al derecho su verdadera base: la ley divina natural y positiva, y pretende reemplazarla por la voluntad del legislador. El Santo Padre, en varias ocasiones, lo de­nunció e hizo notar las funestas consecuencias a que conduce. Así, en 1949 realizó un penetrante análisis del mismo, señalando su origen y su actual vinculación con el totalitarismo, y hacien­do referencia, además, a los procesos contra los “criminales de guerra”.
Las causas de tales crisis [en la administración de la justicia] han de buscarse principalmente en el positivismo jurídico y en el absolutismo del Estado; dos manifestaciones que a su vez de­rivan y dependen una de otra. En efecto, sustraída al derecho su base constituida por la ley divina natural y positiva, y por lo mismo inmutable, no queda sino fundarlo sobre la ley del Estado como norma suprema, y he aquí puesto el principio del Estado absoluto. A su vez este Estado absoluto buscará necesariamente someter todas las cosas a su arbitrio y, especialmente, hacer servir el mismo derecho a sus propios fines. [... ]
En el campo de la acción humana consciente del bien y del mal, del precepto, del permiso y de la prohibición, la voluntad ordenadora del Creador se manifiesta mediante el mandato mo­ral de Dios inscripto en la naturaleza y en la revelación, y tam­bién mediante el precepto o la ley de la legítima autoridad hu­mana en la familia, en el Estado y en la Iglesia. Si la actividad humana se regula y se dirige según esas normas, permanece por sí misma en armonía con el orden universal querido por el Creador.
En esto encuentra su respuesta la cuestión del derecho verda­dero y falso. El simple hecho de ser declarado por el poder le­gislativo norma obligatoria del Estado, tomado sólo y por sí, no basta para crear un verdadero derecho. El “criterio del sim­ple hecho” vale sólo para Aquél que es el autor y la regla so­berana de todo derecho, Dios. Aplicarlo al legislador humano indistinta y definitivamente, como si su ley fuese la norma suprema del derecho, es el error del positivismo jurídico en el sen­tido propio y técnico de la palabra; error que está en la base del absolutismo del Estado y que equivale a una deificación del mismo Estado.
El siglo XIX es el gran responsable del positivismo jurídico. Si sus consecuencias han tardado en hacerse sentir con toda su gra­vedad en la legislación, se debe al hecho de que la cultura es­taba aún impregnada por el pasado cristiano y a que los repre­sentantes del pensamiento cristiano podían todavía, casi en todas partes, hacer oír su voz en las asambleas legislativas. Debía venir el Estado totalitario de sello anticristiano, el Estado que —por principio o al menos de hecho— rompía todo freno ante el su­premo derecho divino, para revelar al mundo la verdadera faz del positivismo jurídico.
Hay que volver muy atrás en la historia para encontrar un así llamado “derecho legal”, que despoja al hombre de toda dig­nidad personal; que le niega el derecho fundamental a la vida y a la integridad de sus miembros, refiriendo una y otra al ar­bitrio del partido y del Estado; que no reconoce al individuo el derecho al honor y al buen nombre; que discute a los padres el derecho sobre sus hijos y el deber de su educación; que, sobre todo, considera el reconocimiento de Dios, supremo Señor, y la dependencia del hombre hacia El cómo sin interés para el Es­tado y la comunidad humana. Este “derecho legal”, en el sen­tido expuesto, ha dislocado el orden establecido por el Creador; ha llamado al desorden orden, a la tiranía autoridad, a la escla­vitud libertad, al delito virtud patriótica.
Tal era y tal es aún, debemos decirlo, en algunos lugares, el “derecho legal”. Todos hemos sido testigos del modo cómo al­gunos, que habían obrado según este derecho, han sido después llamados a rendir cuentas ante la justicia humana. Estos procesos no sólo han entregado a verdaderos criminales a la suerte que merecían; han demostrado también la intolerable condición a que puede ser reducido, por una ley del Estado completamente dominada por el positivismo jurídico, un funcionario público que, por su naturaleza y librado a sus sentimientos, habría sido un hombre probo.
Se ha observado cómo, según los principios del positivismo ju­rídico, aquellos procesos habrían debido concluir en otras tantas absoluciones, aun en los casos de delitos que repugnan al senti­miento humano y llenan de horror al mundo. Los acusados se encontraban, por así decirlo, cubiertos por el “derecho vigente”. ¿De qué eran culpables, sino de haber hecho lo que este de­recho prescribía o permitía?
No pretendemos ciertamente excusar a los verdaderos culpa­bles. Pero la mayor responsabilidad recae sobre los profetas, so­bre los propugnadores, sobre los creadores de una cultura, de un poder del Estado, de una legislación, que no reconoce a Dios y sus derechos soberanos. Dondequiera que estos profetas estaban o están todavía actuando, debe surgir la renovación y la restau­ración del verdadero pensamiento jurídico.
Es necesario que el orden jurídico se sienta nuevamente ligado al orden moral, sin permitirse traspasar los confines de éste. Aho­ra bien, el orden moral está esencialmente fundado en Dios, en su voluntad, en su santidad, en su ser. Incluso la más profunda o más sutil ciencia del derecho no podría indicar otro criterio para distinguir las leyes injustas de las justas, el simple derecho legal del verdadero  derecho, que aquel perceptible con la sola luz de la razón en la naturaleza de las cosas y en el mismo hom­bre, el de la ley escrita por el Creador en el corazón humano (cfr. Rom., 2, 14-15) y confirmada expresamente por la revela­ción. Si el derecho y la ciencia jurídica no quieren renunciar a la única guía capaz de mantenerlos en el recto camino, deben reconocer las "obligaciones éticas" como normas objetivas váli­dos también para el orden jurídico.
(Alocución a la Sacra Romana Rota, 13 noviembre 1949.)
También mostró el Sumo Pontífice la coincidencia de criterio que en esta materia existe entre dos concepciones políticas apa­rentemente opuestas, cuales son el liberalismo y el totalitarismo.
Por su actitud acerca de la opinión pública, la Iglesia se colo­ca como una barrera en frente del totalitarismo, el cual, por su misma naturaleza, es necesariamente enemigo de la verdade­ra y libre opinión de los ciudadanos. En efecto, es por su mis­ma naturaleza por lo que rechaza este orden divino y la relativa autonomía que éste reconoce a todos los dominios de la vida, en cuanto que tienen su origen en Dios.
Esta oposición se ha afirmado de nuevo manifiestamente con ocasión de los dos discursos en que Nos quisimos recientemente hacer luz sobre la posición del juez respecto a la ley[1]. Nos hablábamos entonces de las normas objetivas del derecho, del derecho divino natural, que garantiza a la vida jurídica de los hombres la autonomía requerida por una viva y segura adapta­ción a las condiciones de cada tiempo. Que los totalitarios no nos hayan comprendido, ellos para quienes la ley y el derecho no son más que instrumentos en las manos de los círculos dominan­tes, Nos lo esperábamos ya. Pero comprobar las mismas incom­prensiones de parte de ciertos medios que por largo tiempo se ha­bían constituido como campeones de la concepción liberal de la vida, que habían condenado a hombres por el solo pecado de sus relaciones con leyes y preceptos contrarios a la libertad, he ahí algo que es muy para sorprendernos. Porque, en fin, que el juez al pronunciar la sentencia se sienta atado por la ley positiva y obligado a interpretarla fielmente, no hay en ello nada incom­patible con el reconocimiento del derecho natural; más aún, es una de sus exigencias. Pero lo que no se podría legítimamen­te conceder es que este vínculo sea anudado exclusivamente por el acto del legislador humano de quien emana la ley. Esto sería reconocer a la legislación positiva una seudomajestad que no se diferenciaría en nada de la que el racismo o el nacionalismo atribuía a la producción jurídica totalitaria, poniendo bajo sus pies los derechos naturales de las personas físicas y morales.
(Alocución al I Congreso Internacional de la Prensa Católica, 17 febrero 1950.)
El positivismo jurídico puede dar base a los peores excesos, como lo demuestra la historia antigua y reciente.
El positivismo jurídico extremo no se puede justificar ante la razón. Representa el principio: “El derecho abarca todo cuanto está establecido como “derecho” por el poder legislativo en la comunidad nacional o internacional, y nada más que eso, inde­pendientemente por completo de cualquier exigencia fundamental de la razón o de la naturaleza”. Si se va a la aplicación de es­te principio, nada puede impedir que un contrasentido lógico y moral, la pasión desencadenada, los caprichos y la violencia bru­tal de un tirano y de un criminal lleguen a constituir “el dere­cho”. La historia, como se sabe, nos proporciona más de un ejemplo de  esta   posibilidad   que ha  llegado  a   ser  realidad.
(Alocución a los miembros del Congreso de Derecho Penal Internacio­nal, 3 octubre 1953.)
Citas tomadas de la obra de César H. Belaúnde, “La política en el pensamiento de Pío XII”, EMECÉ editores, Buenos Aires, 1962, págs. 138-142.


[1] Se trata de la alocución a la Sacra Romana Rota, ya citada, y de otra a los participantes en el Congreso de la Unión de Juristas Cató­licos Italianos, el 6 de noviembre de 1949. En esta última el Papa se refirió a la aplicación judicial de leyes injustas.
Fuente: Stat VeritasForo V SUIS.
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Ahora parece que Raúl Miguel se ha retirado de Blogger; esperemos que para siempre.